sábado, 7 de marzo de 2009

EVS-EL DIA 6 de febrero de 2009









El mes de febrero fue corto en días y en Babilonias, porque uno de los EVS no salió por ajustes carnavaleros. Comenzamos la ruta mensual por un artículo titulado El Bueno de Oz, ya que en eso días las páginas principales comentaban el aniversario de la película el Mago de Oz. Que lo disfruten.

El bueno de Oz. 

When all the world
is a hopeless jumble
and the raindrops
tumble all around
Heaven opens a magic lane ...
When all the clouds
darken up the skyway
there's a rainbow
highway to be found
leading from your windowpane
to a place behind the sun
Just a step beyond the rain ...

 

Cuando el mundo entero
es una confusión irreparable
y las gotas de lluvia
caen por todas partes
el Cielo abre un sendero mágico ...
Cuando todas las nubes
oscurecen el firmamento
aparece el camino del Arco Iris
para que lo encuentres
conduciéndote desde tu ventana
hacia un lugar detrás del sol
Unos pasos más allá de la lluvia ...

 

Somewhere over the Rainbow (Arlen y Harburg), 1939.

 

En estos días de nubes menos grises y temperado celsiano, nuestro suplemento EVS nos trae el recuerdo del setenta aniversario de la película El Mago de Oz, un metraje de culto envuelto en un mágico celofán infantil.

Si estuviéramos en  cualquiera de los versos del chamánico poeta Morrison, el personaje de Dorothy Gale, estaría experimentando un proceso similar a los viajes interdimensionales de alteración sensorial inducidos por ingestión masiva de elementos alucinógenos, bien cultivados en un verde jardín, o bien, concebidos en un remoto alambique de una pseudo-apoteca. Vamos, fliparlo con peyote, mezcal o similar.

En sus peripecias iniciáticas la inocente muchacha errante se encuentra con tres “freaks” o inadaptados sociales, a saber: un espantapájaros sin cerebro, un hombre de hojalata sin corazón, y un león cobarde. Tres elementos que nos exponen magistralmente,  la clásica dicotomía entre lo interior y lo exterior, el emic y el etic, o el ego versus alter-ego.

En otras palabras, estos tres inadaptados, no son tal, sino que representan seres frustrados por no poder dar a la sociedad, lo que la sociedad espera de ellos. ¿Es acaso ético que la sociedad satanice a un león pacifista, o que se mofe de un espantapájaros racionalista, o que humille a un hombre de hojalata que aspira a una profunda vida interior?  

Qué triste es la tiranía grupal que ahoga las ansias de luz del conocimiento individual. Que grises son los días de uniformado intelectual, bajo el paraguas del mantra “políticamente correcto”. Mientras, lágrimas de oro derraman nuestros dioses a la espera que alguien beba de ellas.

A veces creo ver en los charcos dorados que nuestra conciencia es algo así como un termómetro. Esto es: si nos sentimos relajados, apoltronados, comodones, es que estamos dulcemente alienados por la pérfida sociedad. Estamos fríos, impertérritos, no nos movemos, casi muertos. En la indolente quietud nos sentimos seguros, ya que, nuestra supervivencia está garantizada. Diluimos nuestra esencia en miles de trampas colectivas como clubes sociales, equipos de fútbol o religiones. Todo vale con tal de encontrar la primitiva seguridad del grupo.

Por el contrario si el mercurio asciende rápidamente hasta alcanzar mayores cotas, es que nos estamos envolviendo de un fabuloso estado febril. Nuestra conciencia se rebela contra el hipócrita encorsetamiento de los impersonales e injustos valores impuestos. Tenemos conciencia de nuestra propia identidad, de nuestra individualidad, en ese preciso momento somos realmente libres porque se nos ha revelado la necesidad de abandonar el cómodo sofá opiáceo para caminar por el camino amarillo rumbo a Oz.

Gustavo Reneses

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