domingo, 22 de febrero de 2009

EVS-EL DIA Viernes 2 de enero de 2009









El mes de enero de 2009, comenzó con una despedida a las fiestas de Navidad. Babilonia hizo una comparativa en clave de humor entre los Reyes Magos y Papá Nöel. Que lo disfruten.

Carta a los Reyes Magos de Oriente.

 

En estos días envueltos en dorados papeles de regalo y anudados con ingente metraje de cintas gules y argén, transcurren los plúmbeos días invernales en la Babilonia boreal.

 

Lejos de hacer apología de la monarquía o de cualquier otra “ía” o “ismo”, es cierto que defiendo, desde la más pura inocencia e idealismo quijotesco, la presencia en nuestras calles y casas del espíritu de los magos de Oriente mixturados en las nebulosas noches próximas al día de Reyes.

 

Desde cualquiera de los puntos de mi enfoque salen ganando por goleada los tres colegas de Oriente frente al hastiado hombre de risa histriónica (jou, jou, jou), que vestido como una lata de refresco de cola, aterriza con su trineo en los nevados e inclinados techos de nuestras casas unifamiliares nórdicas, para colarse, ulteriormente, por nuestras cálidas chimeneas.

 

Son muchos años soñando con ellos y envueltos en sus cálidos ropajes de ilusión para que lleguen los tecnócratas del Ministerio de la Abundancia y nos dicten el nuevo patrón de consumo navideño. Faltaría más.

 

Pues desde los diferentes enfoques, pasamos a enumerar sin más dilación, las razones de mi Bohemia Real:

 

1. Marco Histórico y Etnográfico: Si nos atenemos a los hechos puramente históricos o de tradiciones históricas, la adoración de Jesús (que es lo que se celebra realmente en estas fechas) es realizada por los magos de Oriente. Que por otra parte, y según sesudos eruditos en la materia, ni eran tres ni eran reyes. Desde la etnografía, nuestra sociedad ha celebrado siempre, con más o menos humildad, la tradición de los Reyes Magos en la noche del 5 al 6 de enero. Que regalan a los niños presentes como en su momento lo hicieron con el niño Jesús.

Entonces si atendemos a razones de pura coherencia (que son las que nunca atendemos) para esgrimir un discurso serio, si lo que se celebran son las fiestas de Navidad, cierto es, que deberíamos ser coherentes con la tradición que concurre en nuestro marco geográfico y cultural y no introducir otras costumbres con la excusa: “es que está más de moda y los peques se lo pasan mejor. O sea, chupi”. Ya puestos a globalizar la Navidad, podríamos celebrar un popurrí de navidades agnósticas y de la Nueva Era, a las que podríamos llamar Merry Hannukkah, con un pequeño recién nacido Buda, depositado por una nave nodriza interestelar (Halcón Milenario), elfos y druidas adorando al pequeño, mientras que los tres reyes magos curran de ilegales en el taller de los regalos junto con San Nicolás y demás clones (Santa Claus, Viejito Pascuero, Colacho o Papa Nöel) para que celebremos con regalos el solsticio de invierno, o mejor aún, las romanas fiestas de Saturno.

 

2. Marco Geográfico: En nuestras latitudes subtropicales, esto es, 28 grados sobre el ecuador, el tema de ver volando renos y un trineo mágico para que  Mister Olimpia se deslice hábilmente por nuestras chimeneas instaladas en una techumbre de teja marsellesa o de pizarra -con una inclinación de más de 40 grados, para que la nieve acumulada no haga peligrar la estabilidad del forjado-… No sé, a mi no me pega. Igual en los bellos pagos de Vilaflor de Chasna, concurre alguna vez por década condiciones meteorológicas polares, que junto con alguna vivienda con la tipología constructiva mencionada anteriormente, le den empaque al Repartidor de Cola venido a menos. A menos de 100 kilómetros de tierras saharianas, la caravana de camellos y los magos de Oriente tienen mayor lógica geodecorativa.

 

3. Arte, Atrezzo y demás ornamentos: Yo no quiero pronunciarme para no predisponer al lector. Por un lado tenemos un equipo de trabajo compuesto por un abuelito campechano y barrigón –estarán pensando en Papa Nöel, ¿no?-,  ataviado con un mono rojo de patentes blancas y peludas junto con un sobaquero cerco de sudor. El medio de locomoción elegido es un trineo mágico tirado por renos volantes (el peyote es lo que tiene). En el backstage hay una serie de elfos vestidos de verde y dopados con bastoncillos de caramelo que trabajan con laboriosidad china y eficacia alemana. O no es caramelo lo que tienen los bastoncillos, o algo no me cuadra. Además, nadie sabe la relación de éstos con el de rojo: si son colegas, familiares, asalariados o freelances dependientes. Una vez seleccionados los juguetes para cada niño del planeta, se fabrican (uno a uno) y se distribuyen perfectamente a toda velocidad. Yo nunca lo he visto, pero tiene que ser un delirio psicotrópico entre subir al carro, consultar la lista, meter las coordenadas al GPS, aterrizar, coger los regalos, bajar por la chimenea (si la tiene, si no fuera así, habría que buscar la manera de depositar los regalos junto al árbol sin incurrir en allanamiento de morada), picotear unas galletitas, un ronazo, armagnac o bebida espirituosa similar (125cc de bebida destilada por aproximadamente 3.000 millones de niños en el mundo… tienen que ser como un par de miles de puntos menos si le hicieran un control de alcoholemia)  y finalmente subir al trineo de nuevo. ¡Ojo! todo esto en menos de 24 horas.

Por otro lado tenemos una preciosa caravana de magos guiada por una estrella en el firmamento (que mola más que el GPS papanoelero) con una serie de extras interminable: camellos, bailarinas del vientre o de los siete velos, forzudos, camellos, elefantes, guardia romana, egipcia y norteamericana –en sintonía amistosa con el presidente Obama-, regalos a mil para todos los niños del mundo (entre ellos oro, incienso y mirra… no palitos de caramelo. ¡Por favor!). Los magos van ataviados con nobles telas traídas de todos los rincones de la tierra, perfumados con cedro, sándalo y otras delicias orientales. ¿Recuerdan el olor del cerco sobaquero del compinche de rojo?

Son misteriosos, no se dejan ver en los centros comerciales –no como el que yo me sé que va fastidiando los tímpanos del prójimo con una campanilla-. Sólo aparecen cuando tienen que aparecer, entre sueños, y dejando muchísimos regalos en los zapatos, tenis o cholas de los niños buenos.

 

4. Interés por el índice de dádivas per capita: Vamos a comparar la renta per capita de los habitantes de un sultanato de Oriente Medio y la de los habitantes de una comarca finlandesa en pleno Círculo Polar Ártico. Dicho en otras palabras, petróleo versus economía de subsistencia pesquera. O dicho con topónimos, Laponia versus Dubai. No se yo, pero puesto a pedir una larga lista de regalos por nuestros insignes merecimientos anuales, lógicamente nos vamos a decantar por el trío mesooriental.

 

Bueno amiguitos, les dejo, porque tengo que afilar una caja entera de lápices para escribir una kilométrica carta a Sus Majestades. No sólo para los míos y un servidor, sino por aquellos niños y personas, que sean cual sean sus creencias, no tienen nadie quien les escriba, ni seguramente quien les lea una carta con sus anhelos e ilusiones. Que los Magos de Oriente les dejen la suficiente ilusión para seguir sonriendo. Felices Reyes.

 

 

Gustavo Reneses

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