
Dicen los que más saben de música, que el GodSpell o gospel es la armonía que desde el siglo XVIII más nos acerca a la esencia divina. Algo así como caminar entre campos de etéreos nimbos bajo un coro de cálidas voces afroamericanas.
Los freaks subespecie melómanos, distinguen además diferentes escuelas gospelianas como: la tradicional, reggae-gospel, espiritual negro o el moderno. En fin, todo un apasionante abanico de himnos cristianos para acercar a Dios a las pecaminosas hordas humanas, vía metodismo, baptismo, obamismo o simplemente al “God business”, comandados entre otros por el Golden Gate Quartet, Al Green o la mismísima Aretha Franklin.
En otras palabras, alzar la voz al cielo en clave de lamento negro para que nos escuche un dios blanco, o ya puestos, un productor que nos proporcione un suculento parné en forma de billetes esmeralda que proclamen jubilosos “In God We trust” –en Dios confiamos-. Qué mordaces concomitancias caústicas tiene la vida, o en este caso, los diseñadores gráficos de la Reserva Federal Americana.
Un poco más abajo de la gloria divina, en tierra firme -que no estable- se está celebrando el sesenta aniversario de la declaración de los Derechos Humanos. Tiene guasa, no el aniversario, sino que, mientras la mitad de los babilonios aquí presentes, ignora la declaración amorosa al género humano por parte de los próceres paters de la patria universal; la otra mitad se encarga de palabra, obra y omisión de asegurar una decadencia sostenible y continuada de los ecosistemas. Mientras, Pachamama o Gaia llora lágrimas de oro a ritmo de blues.
A la larga, en el mejor de los casos, tal sutil oda quedará en la más absoluta de la inexistencia corpórea al no tener un ávido público que agradezca de corazón tal esfuerzo compositivo. Como en los sueños, el ocaso de nuestra especie llegará con el despertar de la conciencia, y llegados a ese punto, quizás ya no haya nadie a quien despertar.
Navegando por nebulosos mares oníricos, llegó a mi barca una botella de preciosos destellos violáceos, que en su interior portaba un pergamino con versos manuscritos que comparto con ustedes para terminar, por hoy, nuestro viaje en guagua:
No creo en rayas sobre mapas
ni en el norte ni en el sur,
menos en el oeste, y, solamente
que en el este nace el sol.
Vacuo orgullo ser dibujado por pincel humano,
no es natural nacer pintado.
No quiero ser fichado ni clasificado,
sólo quiero vivir mezclado...
respirar entre mis hermanos.
Aire soy, en el viento me entrego a tus besos
como niebla eterna abrazo tus cabellos.

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