lunes, 1 de junio de 2009

EVS-EL DIA 29 de mayo de 2009










Palabras más, palabras menos.


“El mapa no es el territorio.”
A. Korzybsky

En estos días azules y rojos caen las papeletas multicolores de los árboles electorales sobre el suelo de las ramblas, calles, parabrisas y demás elementos del ecosistema urbano.

Los babilonios tenemos la extraña capacidad de saber vivir en infinidad de mapas físicos y políticos. Incluso podemos identificar con meridiana claridad nuestros límites comarcales, municipales y hasta catastrales. Pero sin embargo, y pese a la tangible realidad física del territorio no somos capaces de sentirlo. Preferimos crear superficies irreales asépticas para disfrutar de sus bondades.

Como somos tercos animales de costumbre, hacemos extensiva nuestra adaptación inane, al lenguaje de las palabras. Las palabras son un espejo de la realidad, aún más, son simples hebras del tejido de una realidad multidimensional. Le damos importancia vital a las palabras sin darnos cuenta que son usadas indiscriminadamente por una semántica impersonal que las dota de vacuidad.

Conocedores de nuestra visión disociativa y del ilusionismo de las palabras, los taumaturgos retóricos son capaces de sembrar dudas, éxitos o angustias con un rápido movimiento de los dedos. Con otro mágico pase, nuestra incapaz mirada infantil quedará confundida con la instantánea transmutación de las mismas, a decisión del orador de turno. Aquí no ha pasado nada.

La vena creativa de los oradores políticos no duda en purgar la realidad con el uso del lenguaje infantil, la reducción de la lógica, adormecimiento generalizado mediante opiáceo soma, desfiguración de los valores éticos y morales, el adormecimiento de la filosofía o la eliminación de la crítica. Todo vale en nuestra desbocada carrera al pensamiento único, que además, es políticamente correcto.

Nuestros deseos y sentimientos, nuestra individualidad en definitiva, queda difuminada en la febril oratoria del poder que uniforma nuestros cuerpos, mentes y espíritus.

Al consumidor de dichas frases se le suele olvidar rápidamente el autor de las mismas, y el fin por el que fueron creadas. En el fondo, da lo mismo, es comprensible, sirven solamente para dirigir al rebaño en uno u otro sentido.

Así que no se extrañen si en lo que queda de campaña electoral a las Elecciones del Parlamento Europeo, los que visten de rojo corean mantras al estilo “España va mejor”. O si los que visten de azules concluyen sus discursos con “Hasta la victoria, a veces!”. O es más, los que visten de verde nos bombardean con el consabido “Paz y amor... y el parné p´al zurrón”.


Gustavo Reneses

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