lunes, 22 de junio de 2009

EVS-EL DIA 19 de Junio de 2009

Alien: un virus en el sistema.

"No tenéis ninguna posibilidad pero... contáis con mi simpatía."Alien. El octavo pasajero.

En estos días blancos y azules, redondos y opiáceos hasta la saciedad, visita nuestro único, mítico y genuino suplemento EVS: El octavo pasajero, Alien.

De la saga Alien poco hay que decir, personalmente, en esta guagua nos decantamos por la primera entrega del genial Ridley Scott. Y es que las peripecias de la suboficial Ripley a bordo del Nostromo, con el bicho plasta cargándose a toda la tripulación, es una de las joyas del metraje de ciencia ficción, mejor manufacturadas. Y que esperamos que en este caso, sea más ficción que ciencia.

En nuestra vida diaria o matriz babilónica, al igual que el voraz monstruo baboso interplanetario, la disciplina balompédica introduce en nuestro cuerpo el virus de la alienación intelectual (vulgarmente conocido como: ¿Eh?). Con la correspondiente bendición de las clases más próximas al ápice de la pirámide. Esos yonkis del escaño, faraones venidos a menos que nos dan la vara continuamente recordándonos lo importante que es su figura para el género humano, nos regalan altas dosis de espectáculo futbolero para alivio de nuestros pesares y para que no reflexionemos mucho sobre nuestro devenir. Pensar puede causar jaqueca, no hay que hacerlo alegremente. (Lo siguiente leerlo con voz seria y rápida) Pensar es un medicamento: Lea detenidamente las instrucciones de uso, en caso de duda consulte a su edil de confianza.

Para epopeyas míticas lo que me pasó hace unos días.... les cuento:

La semana pasada, entre sueños, oí voces juveniles por las calles de mi ciudad. Algo latía en las horas nocturnas de Babilonia. ¿Sería acaso el despertar de las masas hacia la luz del conocimiento y de la libertad?

Conspiraban sin miedo en voz alta, se conjuraban a dioses de nombres extraños, se pasaban consignas bajo mano, se pintaban las caras con alegres colores como aguerridos guerreros antes del fragor bélico.

Los vehículos circulaban emitiendo un código de claxon y luces que mi desconocimiento de Morse, no me permitía descifrar. Incluso algunos transportaban individuos agitando banderas al viento, exacerbando a las masas para que se unieran a la causa.

Conmovido y expectante llamé por teléfono a familiares y amigos dispersos por la geografía insular. Me despejaron todas las dudas: nos encontrábamos ante un fenómeno generalizado.

En el horizonte acústico de la noche, sonaban detonaciones continuas, haciendo alarde, frente al enemigo, del potencial bélico que atesoraban nuestras fuerzas.

No me quedaba más que velar toda la noche, planificando la contienda de la nueva jornada que asomaba en la línea alba del horizonte.

A la mañana de un nuevo día, las calles asomaron atestadas de personas, una enorme serpiente blanca y azul se extendía por el área metropolitana. Ingentes cantidades de personas, venidas de todas las esquinas de nuestro terruño, configuraban un frente de batalla, plagado de banderas y camisas al viento.

Comenzaron mis dudas.

Los cánticos que vociferaba la enfervorecida masa no hacía alusión al despertar intelectual, ni a la libertad del individuo frente al sistema liberticida, ni siquiera a un cambio de sistema, ni una la llamada a la crítica. No había alusiones a la precariedad intelectual, al fracaso escolar, a la nefasta política educativa, a los bajos índices de competencia, ni un simple análisis de la precariedad laboral, de la lógica, utilidad y buen uso de nuestros impuestos, a las dietas de los que no se ponen a dieta...

Era fútbol, sólo fútbol... oh! Una esperanza más en el charco de las esperanzas rotas.

A lo lejos la eterna procesión ausente proclama a los cuatro vientos un mantra que se nos invade lentamente, como un alien que penetra en nuestro cuerpo alimentándose de nuestra esencia más pura: la libertad.

Gustavo Reneses

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