
Swinging the Batate: Extended Radio Edit Versión.
“Cada sociedad intenta proteger y perpetuar su originalidad invocando un pasado mítico que le es propio”
Levi Strauss
En estos días azules de tiernos rayos de sol acariciando nuestra anacarada piel primaveral, llegan al parabrisas de esta guagua un “fleje” de papeles multicolores anunciando novedosos eventos culturales locales con un cierto olor a “revival”, a saber: el setenta aniversario de Batman, el concierto de Los Secretos y el del casi incombustible Rod Stewart. Pero asombrosamente y levantando un poco la mirada, vemos en el horizonte una tendencia generalizada (véase globalizada) por “moler la batata” a ritmo nostálgico. Es lo que se conoce internacionalmente como: Swinging the Batate. Extended Radio Edit Versión
O una de dos: o las buenas mañas artísticas acabaron hace más de dos décadas o para hacer “cash” en estos tiempos inciertos se tira de la nostalgia/lágrimafácil. Nunca se sabe. En esta Feria de las Mentiras hay de todo y nada es lo que parece. Desde esta modesta guagua que bambolea... uff! no; que rumbea...uff! menos; que rueda y balancea como un canto rodado por las tierras de Babilonia (eso está mucho mejor), nos atrevemos a sugerir o plantear cuatro hipótesis relacionadas con la eterna juventud del “artisteo” en general y de la poca vergüenza en particular.
Uno (o Teorema del brikin dans)
También conocido como Teorema del Chicle, es la sensación bucle-colectiva de la tendencia al alargamiento de cierto fenómeno producido por la capacidad paralela de obtener un alto rendimiento económico por parte de terceros. (Nota: coger aire.) Se resume básicamente en seguir vendiendo a los jóvenes de antes versiones, reversiones y ultraversiones de los ídolos de su juventud. Como el poder adquisitivo tiende a aumentar (revisar este último parámetro en el año 2009 y sucesivos), los puretillas de hoy adquirirán con esa lágrima fácil que tan poco nos cuesta sacar, por ejemplo, la última versión definitiva del “She loves you” de los Beatles que se grabó en una cinta de cassette, mientras los melenudos de Liverpool ensayaban en el urinario de la Caverna. Por supuesto, masterizada y en edición de lujo con extras como eructos y demás sonidos lúdico-corporales tan habituales en dichos ecosistemas.
Dos (o Proposición del crusaito).
La propuesta del “Crusaito” se concreta o sintetiza en una serie de subprogramas telecutrevisivos al estilo “los setenta contra los ochenta ¿qué década es menos decadente?”, que cruzándose aleatoriamente con fechas especiales (Dia del Padre, Día de la Madre o Día del Primo) nos ofertan paquetes multimedia de “muertos bien enterrados” (musicalmente hablando), a regocijo de esa Sociedad que impone cánones hasta a los silbidos mañaneros. (Jesús!!! A que cuando lleguen a los ochenta vamos a comer, como reyes, pollo frito!) Tres (o Demostración del maikelyacson)
Tres (Demostración del Maikel yacson)
La demostración tercera o del maikel -yacson para más señas-, es lo que popularmente se conoce como “payo, es feo de pedí pero más es de robá”. Como nada es eterno en esta vida, y menos los desayunos, aperitivos, almuerzos, meriendas y cenas de las grandes glorias musicales, culturales o peliculeras, se hace necesario inventar algo de manera urgente para seguir agarrados al tren de la buena vida. Como eso de inventar es una trabajo fatigoso e intelectual, ya puestos, hacemos una versión “House Radio Edit” de
cualquier copla sesentera y salimos a escena con treinta kilos de más, pero enfundados con ropa de la década anterior y bailando algo a camino entre discoteca ochentera psicotrópica y “El baile del Gorila” de Melody.
Cuatro (o Tésis del Robocop)
Como en todos los sitios, hay alguien invisible (“posiblemente un ente”. Nota mental: confirmarlo con Iker Jimenez) que se cree por encima de todo y de todos, y que gracias a su “arte florido” nos impone unilateralmente un único modelo de consumo de arte. Es la aplicación cultural de la consabida “Teoría del pensamiento único”, que condena al ostracismo y anulación total a quien muestre disconformidad con los héroes nacionales de la escena. Triste pero sucede.
Pero no acabemos así de melancólicos nuestro viaje por tierras de Babilonia. Sigamos con alegría la sentencia lapidaria del encabezado de hoy, e invocando a nuestro pasado mítico común, que, a buen seguro nos brindará un futuro prometedor, enarbolemos los garrotes y con voz triunfadora aullemos danzando alrededor de la fogata del conocimiento.
Gustavo Reneses

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