extiendo la mirada al horizonte.
Un vigía de hierro guarda tu alma,
un surco de agua tu sangre riega.
París, hija de ancianas tribus
te extiendes cuál mantel en la campiña,
acoges en tu regazo hijos extraños
como madre proteges tus vástagos.
Cuna has sido de bohemia eterna,
adolescente amorosa de libres andares,
cándida la luz en tus ojos eternos.
París ciudad de las almas.
Gustavo Reneses, marzo 2008


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