miércoles, 21 de enero de 2009

EVS-EL DIA viernes 14 de noviembre de 2008









Como les prometí en la anterior entrada, voy a introducir semanalmente los artículos que he publicado en el periódico El Día en Santa Cruz de Tenerife. Éste es el segundo de ellos, con fecha 14 de noviembre de 2008. Que lo sigan disfrutando.



Obamí, Obamá, cada día te quiero más.


Atribulado por los efluvios resaqueros del último electo-media show norteamericano, todavía no se si en EEUU ha ganado un presidente, o si en el resto del mundo hemos perdido la razón.

Entre dislates surrealistas y comentarios gozosos al más puro estilo santateresiano (no el ronero sino el de la Santa de Ávila), los alquimistas del verbo, y por ende de la razón de las masas, se han guarecido bajo un paraguas de una barra y un puñado de estrellas, para relatarnos las redentoras bondades globales de Barack Obama, lo buen chico que parece, y cómo nos recuerda a John Fitzgerald Kennedy (supongo que en el blanco de los ojos, con perdón).

Ávidos cual blancas panteras tras gacela negra, los mercantilistas mediáticos y no tan mediáticos, no han tardado en desempolvar entre los olvidados surcos de vinilo y esferas de cristal: discos de Gloria Gaynor, cintas de casete de los Jackson Five, cartelería del reverendo Martin Luther King o chapas (antiguos pins) de los Panteras Negras…

Definitivamente los golosos mercaderes sacan partido económico rápidamente a cualquier cosa, da lo mismo su origen, en este caso, una desigualdad racial en los USA. Anteriormente ya pasó con los nativos amerindios y con el plasta del Chon Güein dando caña a unos actores blancos “haciendo el indio”. La cosa es que mientras unos pocos se lucran en pulcros despachos, “los otros americanos”, compuestos por aborígenes, afroamericanos, latinos, americanos de origen japonés y otros grupos invisibilizados de la realidad norteamericana, siguen siendo el combustible que alimenta el motor de la -¿primera?- potencia mundial.

Que ironías tiene la vida, lo que el militante Malcom X denominaba Black Power como política de identidad y autosuficiencia económica de los afroamericanos, ha llegado a convertirse por mágicas artes del Mago Frestón en un producto comercial de masas con suculentos ingresos económicos que se relaciona con un estilo de música, el corte de pelo afro y con algún graffiti “contracultural, por supuesto”.

En fin, el Black Power ya está aquí cuál fénix rescatado de los efectos colaterales de la década de los 80, alimentado por un mercado falto de recursos y/o talentos y amparado en el flamante inquilino de la Casa Blanca.

Gustavo Reneses

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