
Para romper la dinámica, hoy meto dos artículos y con ellos se cierra el mes de noviembre de 2008. Éste es el Babilonia del EVS, El Día en Santa Cruz de Tenerife, del día 28 de noviembre.
Veinte años no son nada
“…Si las cosas que uno quiere
se pudieran alcanzar,
tú me quisieras lo mismo
que veinte años atrás…”
(Veinte años | Autor: Mª Teresa Vega | Intérprete: Omara Portuondo)
Los mejores momentos no se pueden comprar ni con una tarjeta de crédito, ni en cómodos plazos, no son visitados por 18.000 esquizoconsumistas (con sus respectivos coches) y tampoco ocupan la franja prime time de ninguna emisora teleadictiva.
En silencio, como los más grandes, pasó por nuestra ciudad una de las últimas damas de la canción, Omara Portuondo. Dulce bohemia evoca con cada una de las notas que nos susurra al oído, momentos del pasado que con la cálida luz de la nostalgia nos ilumina los inciertos días del presente.
Portuondo representa junto con Compay Segundo, Orlando “Cachaito” López, Eliades Ochoa, Ibrahim Ferrer, Rubén González o Manuel “Guajiro” Mirabal entre otros, uno de los últimos eslabones del arte musical más sublime. Hacer magia con arcanos sones está sólo al alcance de los más grandes. Apartados del circuito musical masivo, han sido por derecho propio los herederos de la música tradicional cubana, regalándonos al resto del mundo no sólo inolvidables trovas envueltas en suaves melodías, sino una preciosa lección: El verdadero Arte Musical se escribe desde la humildad, con altas dosis de amor y con el objetivo de dejar en herencia un legado de melodías que fluyan por nuestra vida impregnándola de buenas vibraciones.
Veinte años atrás, es lo que nos va a evocar el musical “Hoy no me puedo levantar” que en el navideño y empalagoso mes de diciembre nos visitará evocando inocentes melodías y danzas salvajes que en mayor o menor medida alguna vez coreamos y/o bailamos todos en la lejana década de los ochenta.
Envueltos en la tramoya orweliana actual no nos hemos dado cuenta de lo serios y arrogantes que nos hemos vuelto todos, de lo “cool” de nuestra vestimenta, de los absurdos mecanismos de nuestros teléfonos móviles. En definitiva, de lo banal que se ha vuelto nuestra vida preocupándonos por ciberproblemas manufacturados por algún nigromante bien informado de las fatuas debilidades de Babilonia.
Uno mira aquellos años y ve en la distancia lo inocentes que éramos todos, nebulosos recuerdos de pantalones con rodilleras, las camisas de cuadros, los estrechos pantalones cortos de deporte, los inquemables Paredes, de Reagan, del equipo soviético del entonces rey baloncesto (Sabonis, Kurtinaitis, Tkachenko, Volkov, Homicius o el turronesco Tikhonenko) y del español (Epi, Sibilio, Corbalán, Fernando Martín, Jiménez, Creus, Arcega, Villacampa o Romay), de que una vez jugó el mismísimo Drazen Petrovic en el Mundobasket´86 en el Pabellón de los Deportes de Santa Cruz de Tenerife, de la peli Regreso al Futuro, de los Spectrum, Amiga 500, Atari y demás cibercolegas neardentales, de las maquinitas de un solo juego y en ¡¡¡blanco y negro!!!, de los americanos y lo “guay del Paraguay” que eran, de Carl Lewis, de las monedas de 5 duros con el emblema del Mundial del 82 en el anverso, las impresionantes Polaroids, Rambo y los vietnamitas, el estallido en pleno vuelo del Challenger, el VHS con películas supersaturadas…
En aquel entonces no nos planteábamos la supervivencia individual como un traje a medida -vanguardista y de diseño- mejor que el del vecino, “tirabamos pa´lante” entre cándidos pasos aderezados con sustos, risas e ilusiones pero siempre envueltos por una confortable melodía en technicolor.
Gustavo Reneses


